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Discurso-Clausura Samar
Bultaif (Colegio Colombo Británico) y Juan Guillermo Albarracín (Colegio Bolívar)
Recordando lo dicho el primer día, el simposio es sólo un punto de partida. Un punto, que nos ha permitido en estos tres días, mirar las maravillas que nos ofrece Colombia, y llenarnos de positivismo en medio de la “montaña de boñiga”. Aparte de toda esa lista innumerable que nos ofreció Pedro Medina, y para acabar de ajustar, el país nos tiene a nosotros; colombianos que creemos en nosotros mismos y que estamos decididos a trabajar duro, por un país que lucha y que vale la pena que permanezca en paz. Aprendimos
a “bucear hacia adentro”. A considerar el conflicto como una posibilidad,
que tiene cada uno para expresarse, porque la vida no es como una tuna. La vida
es confusión, es cuestionamiento, es soledad, es tristeza, por muy duro y crudo
que nos suene. También nos han hecho pensar en la responsabilidad, puesto que
tenemos el privilegio de ser educados, privilegio que no tienen millones de niños y jóvenes colombianos, como los que viven
en medio del desplazamiento forzoso y en marginalidad en muchas regiones del país.
Nos
presentaron, además, algunas claves para la transformación del conflicto.
Aprendimos también sobre el compromiso que cada uno debe tener en la construcción
de una escala global de valores. Nos mostraron cómo el conflicto se puede
asumir desde una dimensión preventiva y dialógica, o coercitiva y
recriminativa. También
se expuso, que Colombia no es la única nación que enfrenta conflictos en la
actualidad. En medio de estos diversos conflictos, no es prioridad de la
comunidad internacional, solucionar el nuestro. Es nuestro deber, como
colombianos, aportar para la construcción de nuestra nación. Nos
sembraron la inquietud, como jóvenes, a la participación política. Nos dimos
cuenta de la importancia de conocer nuestra constitución y las instituciones
como mecanismos para lograr la participación. El conocimiento y la acción van
de la mano y la educación debe tender a la construcción de una ética
ciudadana, para construir una ética de lo público. Al
abordar el tema de la Justicia y Reconciliación se nos presentaron dos
conceptos diferentes de justicia: una que la relaciona con la desconfianza y que
genera una cultura del odio y el otro que se relaciona con una cultura
de la compresión y conlleva a la reconciliación a través de la
reconstrucción de la confianza, la promoción
de los demás reconociendo lo que me falta y exaltándolo en el otro; a
recibir, a depender, que el propósito del mundo
debe pasar por el filtro de la solidaridad. Para
finalizar en la última conferencia plenaria se nos plantea que Colombia nunca
ha asumido el desafío de verse en si misma, de identificarse, de sentirse
orgullosa, no para aislarse sino para tener un referente desde donde comunicarse
con el mundo Pero
no bastan las ideas solas. Es necesario que las ideas se transformen en
creencias, las creencias en actitudes, las actitudes en acciones y las acciones
en costumbres. Es la gran lección de Tocqueville: “para que la democracia
dure importan más las leyes que las circunstancias del país, y las costumbres
más que las leyes”. Se advierte que la fortaleza mayor de la democracia está
en las costumbre diarias de las mujeres y los hombres que la hacen, comenzando
con el afán de limar las aristas de las palabras mismas para hacer un tanto más
tolerable a todos la normal aspereza de la convivencia y de la vida en general. La
formas de gobierno son reflejo de las formas de convivencia de los pueblos. Las
formas democráticas de gobierno florecen naturalmente en pueblos que conviven
con formas democráticas. Las formas dictatoriales de gobierno son las aristas más
visibles de pueblos que conviven dictatorialmente.
Así, la construcción de una cultura democrática parte de nosotros como
ciudadanos. Son las micro democracias las que construyen las macro democracias. La
cultura de la democracia es cultivo de altura, fruto de inteligentes renuncias y
de inteligente empeño por dar aún mejores formas al modo de vivir y convivir;
de ahí que requiera educación, educación y ejercicio permanente, como una
buena voz, como un buen canto. Hoy
cantamos todos. Luego de haber compartido tres días, una buena voz ya es un
camino amplio recorrido. Ojalá esto no para aquí, y germine la esperanza para
la convivencia de los colombianos. Mientras
unos salen del país en los momentos de crisis y otros esperan a que las
soluciones les caigan del cielo, algunos colombianos optaron por ser ellos
mismos parte de la solución. Con sus propuestas creen en lo nuestro, en un
mejor país...ellos hacen camino al andar..y podemos, con plena seguridad,
considerarnos parte de ellos “ellos” que labramos el camino, y que nos
quedamos para solucionar! Nuestro
gran reto, como jóvenes, es propender para incorporar en nuestras vidas valores
como la escucha, la libertad, autonomía, igualdad, el mutuo reconocimiento y la
fraternidad. Espacios democráticos como estos, posibilitan el inicio de la
inquietud, de la curiosidad, pero definitivamente, esto debe ser acompañado de
un proceso en donde los jóvenes nos eduquemos para la convivencia. Estos
tres días, son sólo el comienzo, de nosotros depende la construcción de una
cultura para la convivencia. |