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Ponencia:
Estudiantes:
COLEGIO DE SAN
JOSÉ
La adolescencia es, verdaderamente, la primavera de la vida y, se caracteriza por tormentas repentinas y extraordinarias bonanzas. Realidad y sueño, audacia y miedo se van alternando, dejando a los adolescentes desorientados y ansiosos de experimentar nuevas sensaciones. El mundo de los adultos, padres y profesores, se mira con recelo, lo cual no es negado abiertamente; pero, por otra parte, el adolescente no consigue encontrar nuevos caminos que lo tranquilicen y en los que se sienta seguro. Así pues, esta compleja y delicada etapa de la vida transcurre entre ansiedades y entusiasmos que los adultos difícilmente llegan a comprender.
Los cambios psicológicos que se presentan en la etapa de la adolescencia marcan trascendentalmente la vida de una persona. Como causas de estas podemos encontrar distintos factores como son la cultura, la cual juega un papel importante en la forma de actuar, tomando como concepto que es “la manera en la que un grupo de personas vive, piensa, siente, se organiza, celebra y comparte la vida [1]. Por otro lado tenemos la familia, fundamental fuente de enseñanza en valores, seguida por las demás instituciones. Existe también el “amiguismo” (donde hacemos referencia a todo lo relacionado con los amigos), puesto que en la adolescencia encontramos que los amigos son aquellos que permiten que nosotros, los jóvenes, desahoguemos nuestras tensiones, construyamos juntos un mundo “ideal”, nos sintamos comprendidos en el momento de las más encendidas rebeldías contra el mundo de los “adultos”, que se muestra incapaz de comprender la necesidad absoluta de apoyo y afecto de nosotros los jóvenes. Otro aspecto que influye en el comportamiento de los adolescentes es el llamado “amor”. Los adolescentes nos enamoramos intensamente de personas del sexo opuesto o sentimos una profunda admiración por figuras importantes de ambos sexos. Es porque esta (la adolescencia) es un período de amor idealizado que ha de superarse, para finalmente establecer relaciones reales y estables hacia personas con las cuales podríamos llegar a una íntima amistad.
La característica más preocupante de nosotros los adolescentes es la actitud de “apatía”, que no nos permite generar cambios significativos en nuestra sociedad. De ahí el hecho de que seamos llamados la “generación Light”. Y al hablar de esto, nos referimos a toda la superficialidad que nos acompaña y que en muchas ocasiones es lo que no nos permite expandir nuestros horizontes, puesto que nos quedamos enfrascados en pequeños e insignificantes detalles que no nos permiten salir adelante. Por otro lado tenemos aquellas personas que poseen una vida dedicada al desarrollo del intelecto, convirtiéndose en pequeños genios o “nerds”, dejando atrás otros aspectos que son también muy importantes para su desarrollo personal. Con esto hacemos referencia a su formación integral[2] .
Aquí es de suma importancia la formación que se brinda en las diferentes instituciones educativas. Como modelo de formación integral, queremos mencionar a la Compañía de Jesús, cuyo objetivo educativo en palabras del P. Kolvenbach, SJ., Superior General de la Compañía, es “alcanzar la excelencia, la cual conseguimos cuando, para lograr nuestros objetivos apostólicos usamos métodos de la mayor efectividad, cuando contribuimos a la creación de estructuras y mentalidades sociales mejores y más justas, cuando ofrecemos soluciones permanentes a los problemas del mundo, cuando formamos líderes que puedan dar como un fermento con efecto multiplicador al transmitir los valores del evangelio y dando a esto valores permanencia en nuestra sociedad[3]
En nosotros los adolescentes, nace la idea de desarrollar una personalidad adulta normal, afrontando los nuevos problemas que se nos presentan. Ahí comienza la búsqueda de una “identidad propia”. Para poder desarrollarla, nos basamos en modelos preestablecidos, conocidos comúnmente como los “estereotipos”, los cuales podemos relacionar con nuestros padres y demás ídolos de quienes tomamos “inconscientemente” aspectos de cada uno de ellos para luego incorporarlos a nuestro ser.
Es recomendable que en esta búsqueda de la “identidad propia”, tengamos una relación estrecha con las personas adultas que respetamos que son los modelos más adecuados para tener en cuenta en nuestra personalidad. Esto nos dice, que no cualquier modelo es el adecuado para el óptimo desenvolvimiento de nuestra persona en la sociedad.
“Quien no sabe para donde va, con seguridad termina en otra parte”, por eso el saber quienes somos y hacia donde vamos debe ser nuestro principal objetivo.
Muchas de las actitudes que adoptamos los adolescentes se convierten en una forma de rebelión contra el mundo de los mayores. Estas actitudes y comportamientos pueden tener como objetivo el deseo de afirmar nuestra propia manera de ser en contraposición a las ideas de nuestros padres.
La mente de un(a) adolescente es un desorden. Se dan variaciones constantes en el modo de vivir la propia identidad y también cambios de humor o de actitud tan repentinos que en ocasiones suelen tornarse inexplicables. Esto demuestra la inestabilidad del adolescente. De ahí que se diga que los(as) adolescentes somos inseguros(as).
Si la conciencia ( como instinto moral que nos indica el grado de bondad y maldad que hay en nuestra acciones) de un(a) adolescente no se ha desarrollado adecuadamente es difícil ayudarle a controlar un comportamiento rebelde que perjudicará a los(as) que lo(a) rodean y será fatal para el o ella también. Las drogas, las relaciones sexuales prematuras y promiscuas y el robo, son ejemplos de comportamiento rebelde destructivo. Así que todo aquello que represente una contradicción a la autoridad, llama la atención de los(as) adolescentes, porque le sirve como instrumento para poder rebelarse. Pero, si por el contrario, el(la) joven desarrolla una conciencia saludable, es más difícil que llegue lejos con este tipo de actitudes.
Toda esta arrogancia y rebeldía de los(as) adolescentes, son temporales. Hay que tener en cuenta que vivimos un período de transición entre la infancia y la madurez adulta.
Los grupos juveniles actúan como atajos (puesto que disminuye la cantidad de esfuerzo que necesitamos para alcanzar un fin), a través de los cuales los adolescentes aprendemos a afrontar los problemas de la edad. Tenemos una necesidad de “pertenencia” a realidades extrafamiliares; La relación con compañeros de la misma edad nos permite vivir unos contactos que no se caracterizan por unas formas de autoridad precisamente.
A nuestra edad, las amistades son muy importantes. Las discusiones, proyectos e incluso peleas entre amigos funcionan como una importante válvula de escape a tensiones y demás problemas que tengamos en el momento. Es mucho más fácil hablar sobre ciertos temas con nuestros amigos que con nuestros padres, no nos da miedo mostrarnos tal y como somos frente a nuestros amigos y siempre esperamos de ellos un alto grado de comprensión el cual en muchas ocasiones nos puede ser brindado y todo gracias a que de pronto ellos puedan estar afrontando la misma situación.
Nuestros padres se preocupan mucho por las “malas compañías”, por lo que siempre tendrán curiosidad de saber quienes son nuestros amigos y compañeros; les preocupan nuestras rápidas “transformaciones” y cambios repentinos. Y aquí entra a jugar un papel muy importante la confianza que nos brindan y lo que nosotros hacemos con ella. Nosotros establecemos qué está bien y qué está mal, qué debemos hacer y que no.
Aquí aparece el grado de desarrollo de la razón ( grado de conciencia) del joven. Este desarrollo nos instruirá de una u otra forma hacia las tendencias dañinas o útiles de las cualidades de las acciones humanas, pero esta no basta por si misma para producir la censura o aprobación de la moral. Es preciso que un sentimiento se manifieste aquí para hacernos preferir las útiles a las dañinas. Ese sentimiento no puede ser más que una simpatía por la felicidad de los hombres o un eco de su desdicha , puesto que estos son los diferentes fines que la virtud y el vicio tienen tendencia a promover.[4]
Así pues, la razón nos instruye acerca de las diversas tendencias de las acciones humanas y la humanidad se encarga de decir si son correctas o no. Todo esto tiene que ver con el manejo de la libertad.
A nosotros los estudiantes de la Compañía de Jesús, se nos invita a ser capaces de tomar decisiones libres, responsables y autónomas,[5] lo cual debe estar enmarcado en un contexto biológico, psicológico, político y social que nos permita darnos cuenta de la importancia que tiene el manejo de nuestra libertad a la hora de la toma de decisiones. Y debe ser el cambio de esa actitud de indeferencia nuestra principal decisión por tomar.
La principal razón por la cual debemos tomar esta decisión, es porque esta nos encaminará hacia el correcto desempeño de nuestro rol en la sociedad, el cual consiste no sólo en formar parte de la misma sino a la vez integrarnos, teniendo en cuenta que no solo debemos prepararnos para un futuro sino también para afrontar el presente.
He aquí el objetivo de nuestra ponencia: La concientización y el compromiso sincero de trabajar por el mejoramiento de nuestra sociedad.
Lech Walesa dijo que “está decayendo el mercado mundial de las palabras”. Tiene razón. Ahora el mundo cree únicamente en la conducta, porque todos la vemos instantáneamente. Ninguno de nosotros puede ya continuar predicando. Debemos comportarnos.
BIBLIOGRAFÍA
[1] Compañía de Jesús, 1995, C.G. 34, decreto 4, nota tres. [2] RINCÓN, José Leonardo, S.J. – Rasgos fenomenológicos de nuestros jóvenes estudiantes. Conferencia dictada en el 39° curso anual de Rectores del Consejo Superior de Educación Católica de Argentina. Buenos Aires, febrero 7 de 2002. p.5 [3] KOLVENBACH, Peter Hans, S.J. – Manual de Calidad Integral, 1997 [4] SAVATER, Fernando, Etica para amador. p 67 - HUME, David. Investigación sobre los principios de la moral. [5] 1° Cualidad del Perfil Ideal del Reglamento - Manual de Convivencia. |